Lo primero que hizo fue abrir los ojos lo mas que pudo, luego los cerró, hasta convertirlos en una debil linea blanca para poder ouscultar entre los arboles a aquellos que hablaban, pero aun así, estaba solo, no había mas que ramas y mas troncos, tirados o erguidos con orgullo por doquier.
Se hecho un poco para atrás, cauto y temeroso:
- ¿Dónde estáis? – dijo para el cuello de su camisa
- No nos ve -hablaron entre “ellos”
- No nos oye
Luego, su instinto animal le hizo buscar las salidas, al principio las voces, las miradas inquisidoras que sentia pegadas a su nuca. Pero aun así, nada.
Salvo el mismo sentimiento que sintió cuando había oído ya las frases lúgubres sobre los sueños de la ciudad en donde vivía. Era el mismo sentimiento, un calor de aproximacion, de comprensión.
- ¿Como nos oye?
- Aun podemos matarlo
Era cierto, en un lapsus sentimental no se había puesto a pensar poqeu podia escuchar las paredes, los sueños que habían quedado impresos en la argamasa de los edificios, pero ahora, un poco mas calmado, si así se podría decir, vagaba entre su pasado, entre aquellos dones, la luz de la luna guardada en su bolsillo, sus ojos embrujados en tinta. El silencio de su interior frente al apabullante ruido del caos exterior.
Se apollo en un arbol al intentar ponerse erguido
- Que haces muchacho, no estamos aquí para ti
Suelen pasar aquí diversas cosas: una de ellas es que se ponga una cara de espanto seguida de un tembleque en las piernas, después, o saltándonos esta parte, esta la parte en donde entran los sudores fríos cuando una rama lentamente se mueve hacia ti y te aparta con fuerza, con lentitud, pero con la fuerza que solo un árbol podía tener. Bueno, no paso ninguna de las dos. Simplemente se aparto del árbol tras asumir rápidamente que este se movia. Imagino que fue esa frialdad fruto de sentir las cosas de diferente manera, y no pensar en otra cosa que no fuera su luz, su luna.
Vio poco después como cada rama se movia hacia él en una vertiginosa cúpula de piel de madera, de brazos de corteza que se cerraban rápidamente sobre su cuerpo en flexión. Sacó la Luna de su bolsillo. No me preguntéis porque lo hizo, sabia que tenia que hacerlo a como de lugar, sabia, como sabe el niño que tiene que mamar, como sabe el enamorado que tiene que besar. Y todo se paró, en seco, para moverse circunspectos en un vals de sombras.
- Tengo la luna
- Si chico, nos damos cuenta -sonó en su cabeza. – Cállate, no nos puede oír
- ¡Si puedo!
- Puede hacerlo, como puede hacerlo. No importa ahora eso. Claro que importa, quitas la importancia a todo, eres demasiado viejo. Y tu demasiado joven.
Tardó en comprenderlo. Pero lo comprendió, y es verdad que vosotros, lectores, os habéis percatado ya de que son los arboles, al igual que antes las paredes lo que el escritor escuchaba. Que eran sus voces de frío, de años, de cascada casualidad las que ahora oía. Volvió a mirar desde la penumbra y no vio mas que lo que había visto antes. Helechos y un camino que cortaba el bosque. El en medio, en medio de todo con la luz de la luna brillando en la oscuridad, temeroso, pero sin parecerlo si quiera.
- No os tengo miedo
- Claro que nos tienes miedo chico, el mundo entero nos teme sin que ellos así lo sepan. Nos han temido y venerado y utilizado durante milenios. ¿No nos temes? ¿Estás seguro?
- Lo estoy
Creerme, no hay nada como ver un bosque enfurecido, no hay nada como sentir el poder del mar concentrándose a tu alrededor, no hay nada peor que no ver absolutamente nada pero sentir que estas en el centro de todo, que todo se mueve pero tu estas parado, con miedo, temblando con una pequeña luz que se ha extinguido por completo. No sabeis que es sentir como las ramas de cientos, miles de arboles te atrapan y te empiezan a asfixiar mientras sientes como casi te parten el tórax. Para poco después preguntarte:
- ¿No nos temes?
- No temo a nadie. – Y entonces agarro una de las raíces, esta se convulsionó, presa de un mal tormento y volvió todo a su estado natural.
- No os temo. Tengo la luz de la luna.
Él no lo entendía bien del todo, no comprendía el poder de la luna, pero es menester dar una explicación: La luna durante mucho tiempo, quizás mas del que debería, ha estado guardando demasiados sueños, demasiadas cartas de amor, demasiados sentimientos de cristal. Era mas vieja que aquellos arboles. Mas fuerte.


