Se perfilaron unos ojos azules intensos desde las profundas sombras de la noche. El fuego bailó en su mano como si fuera un juguete, devorando con una luz mortecina el trozo de papel que tenia en la otra. Las lenguas de fuego lamieron con prontitud la tinta y todos los secretos que enjaulaba, mientras un débil viento se levantaba desde el suelo y elevaba las cenizas al cielo. En su rostro se dibujó una sonrisa traviesa, mientras dejaba caer los restos del papel para que fueran consumidos en el aire. Sonriendo como un tonto ante aquellos que pensaban matarlo. Su perfil desapareció tal y como vino, envuelto en las sombras de alguien que no pensaba sobrevivir hasta esa noche.
2.53 am
Recuerdo perderme por unas calles intrincadas de celosías herrumbrosas y miradas candentes, de retorcerme de dolor a cada frenazo que daba para escoger mi nuevo camino, y de oír el griterio salvaje de miles de personas persiguiéndome. Eso era algo de lo que estaba completamente seguro que jamás se me olvidaría, el sonido de un centenar de pasos persiguiéndome.
2.54 am
Las llamas lo devoran todo, hasta el tiempo. Sabia que solo me quedaban 6 minutos para que dieran las 3 de la madrugada, y seguía esperando ahí, tratando de alguna forma de aplacar las llamas traicioneras que lamían sin morder mi piel. Susurrándole aquellas palabras que había oído en antaño de los labios de aquel demonio que cambió mi vida, de aquel “Árdez” como se hacía llamar él mismo. Todos me miraban con perturbación, con rostros marcados por las sombras del fuego que no entendían para nada como era que aún estaba vivo, gritándome que era un brujo, un hechicero, “¡lucifer!” me llamaban. Yo apenas era un mortal “bendecido” por el don de hablar con el fuego. Un mortal que esperaba que volviera aquel “Árdez” para salvarme tal y como me había prometido.
2.55 am
No tenia ya tiempo, quedaban pocos minutos para que todo se acabara. Decidí que no podía perder el tiempo por lo que terminé explotando en rugidos y fuego para a continuación salir volando por un cielo bañando en la suave luz de la luna. Vi algo desde arriba, una luz rojiza. Ahí es, me dije. No tendría otra oportunidad, era en estos segundo o nunca, tenía que salvarlo para que el mismo pudiera quemar aquellos papeles. Me había servido bien y quería que sobreviviese, por lo menos hasta que acabase su misión, era demasiado problemático buscar a otro con sus dones. Llegué, el me vio.
2.56 am
Por fin había llegado, y ¿ahora qué? Vendría volando y los espantaría a todos o que es lo que se supone que haría un demonio como aquel. Esperé, con cierta intranquilidad pues ahora las llamas ya estaban empezando a quemarme, con mucha mas lentitud de lo normal, pero aun así, me estaba doliendo demasiado. ¿Qué estaba haciendo? Arrugue un poco mas el papel dentro de mi bolsillo, sabía que era importante, aun no lo quería perder.
2.57 am
Está bien, lo normal hubiera sido haber hecho que la gente hubiera temido de el, a ver creado una ilusión de lluvia, de miedo o de yo qué sé, pero el problema era el tiempo, que no había. Así que me decidí por lo menos tradicional pero por lo mas practico, que era quemarlos a todos. Era divertido, no se daban cuenta hasta que sentían que el fuego estaba devorándoles la ropa como en ese mismo instante, además, eran pocos así que terminaría poco, el resto aun me estaba buscando así que avivé un poco más las llamas nacidas desde la tierra y con ellas los gritos de espanto, de la gente corriendo despavorida en todas direcciones y de algún listo que pensaba que podría quitarse el fuego de un demonio con un poco de tierra. Adema, creo que la impresión fue mas allá, nunca en sus vidas habían visto morder con tanta maldad un fuego de color negro.
2.58 am
¿Negro? Algo me había mostrado, pero no me había percatado de su poder hasta que lo vi con mis propios ojos, un fuego que irradiaba negrura ofuscando los rostros dantescos de aquellos que antes me estaban insultando. ¡Sufrid! Me dije, pero entonces me di cuenta de que podía gritar, aunque no me ayudaría de mucho, ellos no me oirían o creo que ni me ollera yo mismo, pero aun así grité, y mis palabras se mezclaron con su llanto cada vez mas agónico, poco a poco todos los cuerpos terminaron de correr, de gritar, y apenas quedaron tumulto de huesos y carne quemada esparcida por el suelo. En el mismo instante en el que el fuego se lanzo hacia mi y devoro con mas rapidez el fuego que me oprimía, ninguna de esas llamas me tocaron ni rozaron si quiera, salí corriendo para encontrarme con el pueblo iluminado por decenas de teas ardientes.
2.59 am
Bajé en mi forma mortal, si alguien sobrevivía a lo siguiente, no podía que saber que era un demonio el que los había matado, si no un simple mortal.
-Saca el papel y quémalo
3.00 am
Todos me miraron cuando saqué aquel pergamino gastado y sucio, y uno entre todos ellos sabía lo que significaba. El único que empezó a gritar, a correr hacia mi, seguido poco después por todo el pueblo gritando también. Pero el fuego es demasiado rápido, mas rápido que la ira y la fuerza humana, mas rápido que la esperanza, en poco segundos, de mi mano apareció una pequeña llama, suficiente para hacer arder ese papel, suficiente para que a pocos pasos, cuando me tenían a punto de muerte con sus lanzas y sus teas, un tremendo rugido retumbara desde las entrañas de la ciudad. Un pequeño temblor, y el sonido titánico de algo moviéndose a gran velocidad, como un dios. Sintieron el frío, después el calor, vieron como todo el fuego que portaban desaparecía, y en el horizonte, contemplaron el cielo teñirse de rojo, las nubes de grana iridiscente y por último, en el ultimo instante en el que sentía como el demonio ponía sus manos sobre mi hombro y una red invisible nos protegía. Como siempre, empezaron a caer pequeños meteoritos, los rostros cambiaron de espanto a miedo, luego, a desesperación. Y después, todos corrían como locos, atravesados por una lluvia de meteoritos que empezaron a arrasar con la ciudad. En pocos minutos, las estelas de humo ascendían como almas negras hacia el cielo, justo en el momento en el que los labios del Árdez, rezumando azufre, se acercaron a mi oído y dijeron:
-Solo un humano puede matar a los suyos
