Entre las sombras de los árboles

•Noviembre 4, 2009 • Dejar un comentario

Lo primero que hizo fue abrir los ojos lo mas que pudo, luego los cerró, hasta convertirlos en una debil linea blanca para poder ouscultar entre los arboles a aquellos que hablaban, pero aun así, estaba solo, no había mas que ramas y mas troncos, tirados o erguidos con orgullo por doquier.

Se hecho un poco para atrás, cauto y temeroso:

  • ¿Dónde estáis? – dijo para el cuello de su camisa
  • No nos ve -hablaron entre “ellos”
  • No nos oye

Luego, su instinto animal le hizo buscar las salidas, al principio las voces, las miradas inquisidoras que sentia pegadas a su nuca. Pero aun así, nada.

Salvo el mismo sentimiento que sintió cuando había oído ya las frases lúgubres sobre los sueños de la ciudad en donde vivía. Era el mismo sentimiento, un calor de aproximacion, de comprensión.

  • ¿Como nos oye?
  • Aun podemos matarlo

Era cierto, en un lapsus sentimental no se había puesto a pensar poqeu podia escuchar las paredes, los sueños que habían quedado impresos en la argamasa de los edificios, pero ahora, un poco mas calmado, si así se podría decir, vagaba entre su pasado, entre aquellos dones, la luz de la luna guardada en su bolsillo, sus ojos embrujados en tinta. El silencio de su interior frente al apabullante ruido del caos exterior.

Se apollo en un arbol al intentar ponerse erguido

  • Que haces muchacho, no estamos aquí para ti

Suelen pasar aquí diversas cosas: una de ellas es que se ponga una cara de espanto seguida de un tembleque en las piernas, después, o saltándonos esta parte, esta la parte en donde entran los sudores fríos cuando una rama lentamente se mueve hacia ti y te aparta con fuerza, con lentitud, pero con la fuerza que solo un árbol podía tener. Bueno, no paso ninguna de las dos. Simplemente se aparto del árbol tras asumir rápidamente que este se movia. Imagino que fue esa frialdad fruto de sentir las cosas de diferente manera, y no pensar en otra cosa que no fuera su luz, su luna.

Vio poco después como cada rama se movia hacia él en una vertiginosa cúpula de piel de madera, de brazos de corteza que se cerraban rápidamente sobre su cuerpo en flexión. Sacó la Luna de su bolsillo. No me preguntéis porque lo hizo, sabia que tenia que hacerlo a como de lugar, sabia, como sabe el niño que tiene que mamar, como sabe el enamorado que tiene que besar. Y todo se paró, en seco, para moverse circunspectos en un vals de sombras.

  • Tengo la luna
  • Si chico, nos damos cuenta -sonó en su cabeza. – Cállate, no nos puede oír
  • ¡Si puedo!
  • Puede hacerlo, como puede hacerlo. No importa ahora eso. Claro que importa, quitas la importancia a todo, eres demasiado viejo. Y tu demasiado joven.

Tardó en comprenderlo. Pero lo comprendió, y es verdad que vosotros, lectores, os habéis percatado ya de que son los arboles, al igual que antes las paredes lo que el escritor escuchaba. Que eran sus voces de frío, de años, de cascada casualidad las que ahora oía. Volvió a mirar desde la penumbra y no vio mas que lo que había visto antes. Helechos y un camino que cortaba el bosque. El en medio, en medio de todo con la luz de la luna brillando en la oscuridad, temeroso, pero sin parecerlo si quiera.

  • No os tengo miedo
  • Claro que nos tienes miedo chico, el mundo entero nos teme sin que ellos así lo sepan. Nos han temido y venerado y utilizado durante milenios. ¿No nos temes? ¿Estás seguro?
  • Lo estoy

Creerme, no hay nada como ver un bosque enfurecido, no hay nada como sentir el poder del mar concentrándose a tu alrededor, no hay nada peor que no ver absolutamente nada pero sentir que estas en el centro de todo, que todo se mueve pero tu estas parado, con miedo, temblando con una pequeña luz que se ha extinguido por completo. No sabeis que es sentir como las ramas de cientos, miles de arboles te atrapan y te empiezan a asfixiar mientras sientes como casi te parten el tórax. Para poco después preguntarte:

  • ¿No nos temes?
  • No temo a nadie. – Y entonces agarro una de las raíces, esta se convulsionó, presa de un mal tormento y volvió todo a su estado natural.
  • No os temo. Tengo la luz de la luna.

Él no lo entendía bien del todo, no comprendía el poder de la luna, pero es menester dar una explicación: La luna durante mucho tiempo, quizás mas del que debería, ha estado guardando demasiados sueños, demasiadas cartas de amor, demasiados sentimientos de cristal. Era mas vieja que aquellos arboles. Mas fuerte.

Sobre los chivatos y cajas.

•Octubre 30, 2009 • 1 comentario

Para carrefour con cariño

En el primer paso se ve, o se tendria que ver como las bolas qeu estan dentro del chivato impiden qeu pueda salir haciendo presion sobre las paredes y sobre la aguja. Al entrar en juego el iman (uno con gran fuerza) hace que las bolas suban, dejando libre la aguja, y pudiendo asi quitarla, de esta forma teneis libre el chivato y lo podeis dejarlo por ahi tirado.

Algo parecido pasa con las cajas, solo que simplemente se necesita un iman mas potente, pues la distancia entre el trozo de metal que hace de llave, y la zona donde se puede poner el iman es mayor, por lo tanto, la fuerza del iman debe ser mayor.

Cualquier cosa podeis seguir preguntando, y aqui el link, vamos, eso:

Los imanes más fuertes

Dejadme, estoy en el tuto y no apetece buscar los chivatos, por eso me sale asi!!! :(

Robar en Carrefour

•Octubre 4, 2009 • Dejar un comentario

Hoy, tras entrar en uno de los chinos de mi ciudad, me acorde de cierta cosa que no he comentado aqui.

Una de ellas es que existen otro tipo de chibatos, qeu se pueden poner ademas de los chibatos normales, qeu consiste en una banda magnetica que se pega a la ropa, al calzado o a cualquier cosa de un precio moderado, o bien caro.

No os preocupeis, se quita como si nada :D

es como una pegatina, y fuera. Lo mas normal es qeu lo lleven las nike, o cualquiera de estas cosas de marca. Se quita con un sistema magnetico, que aun no conozco. Dadme tiempo.

En la ropa lo encontrareis en la etiqueta, o en el dobladillo del pantalon, en cosas qeu se puedan ver, no estan para pillar pillar, estan para que las cajeras sepan donde estan.

Y por ultimo, este video cojonudo:

http://www.youtube.com/watch?v=XsIw_E2sx5Y

Ale, a cuidarse

Rugidos de un gigante mudo

•Septiembre 23, 2009 • Dejar un comentario

Y fue así como tras unos días vagando entre las sombras del día y la luz oscura de la noche, sus pasos se fueron muriendo y desgastando hasta que cayo rendido en la mullida alfombra de un bosque frondoso, lleno de helechos custodios a los sendos lados del camino. Se preguntó si alguien le cogería la mano y lo levantaría en vilo para hacerle seguir sufriendo, si alguien tendría ese corazón humano que no entendería la razón de su existencia. Se negó casi al momento, no había nadie, estaba demasiado perdido en el verde de aquel lugar, demasiado cansado para levantarse, sin fuerzas pues no había probado bocado durante tres días, solo un momento… “necesito respirar un poco más”

Luego las copas de los árboles se fueron desvaneciendo al mismo paso que se acrecentaba el sopor, no sintió las pequeñas piedras debajo de su cara, ni el frio en su pecho, se quedó casi sin vida, sin fuerzas, poco después de sentir que algo lo levantaba. Luego. Todo se volvió negro.

Voces… algo menos, susurros, pétalos de sonido que acariciaban su corazón con amargura, pena y algo de… esperanza? “nunca nos dejaran, pero que podemos hacer?” “ siempre estaremos aquí para ellos, calla, algún día se darán cuenta de nuestra importancia” “¿quien es este?” “no lo sé, no parece humano”

Quizás era cierto, donde estaba mi humanidad? Donde había dejado mis instintos de supervivencia, mis instintos de curiosidad, donde estaban mis ganas de vivir, de soñar, de sufrir por mis ilusiones… donde estaba mi razón?

“No es como los demás, tiene algo, ya me compredeís” “si, son sus ojos, puedo sentirlo”

… Mis ojos….

“y que haremos con él, ¿esperaremos para alimentarnos?”

Tampoco me importaría, seria quizás al principio doloroso, pero por el tono de su voz parecía gente paciente, gente que ha sufrido, pero que sabe que sufrirá mas sin remedio, para qué luchar. No creo que me hicieran sufrir, así que solo me quedaba esperar. Pero en ese momento un rayo de luz atravesó su mente, la luna… había robado la luna para algo y la necesitaba, no comprendía para qué, pero el sabía que esa luna le convertiría en lo que quería. Aún… quizás debería luchar un poco más. Y abrió los ojos, poca luz entro en ellos, pero la suficiente como para no ver pies, como para no ver mas que musgo hinchado por el agua, sin manos, sin caras curtidas por el tiempo. Para no ver miradas desdichadas. Para no ver humanos

Los entretenimientos del fuego

•Mayo 20, 2009 • 6 comentarios

Siempre recordare esos dias comos los peores de mi vida, dias en los cuales el aburrimientos de los Señores del fuego les instaban a perseguir calmar sus animos psicopatas con la muerte de alguna doncella. Habían traido una, de las tierras del norte, a pocos kilometro del asentamiento. Una elfa joven, hermosa, que había llegado en carruaje para darle aun mas valor. La trataban como a un objeto, el comienzo de la diversión.

Ánfernal salió y contempló los ojos asustados de la chiquilla, cogiendo su tez blanca con dos dedos, y mirandola de arriba a bajo.

- Servirá – susurró

Los preparativos ya estaban listos, solo faltaba la estrella, rodeada como estaba en menos de unos segundos por una docena de Árdez y yo en el fondo, ofuscando por todas sus sombras. Sabía más o menos como iria todo, no quería presenciarlo en primera persona.

La hicieron tragar una pastilla antes de tirarla a la arena, una pastilla roja esplicita para aquellos momentos. Ella les miró a todos con el pánico marcado en su cara, con los ojos asustados mirando a todos lados, acorralada; fugazmente me vió, el único que podría salvarla, pensaría. Cual equivocada estaba.

La noche era plena y solo la luna dibujaba debiles reflejos de plata sobre su piel desnuda. Sí, asi empezaba todo, con la temperatura de la piel disparándose en formas de pequeñas explosiones de fuego que lamían con prontitud la poca vestimenta que llevaba.

-Lambaired, lambaired

-Dónde está…- Musité yo

Y fue cuando Ánfernal se giró un tercio para contemplar mi cara de asco, de repulsión hacia todo aquello y sonrió, mostrando esos bestiales dientes blancos, para mi, de mi, riendose por lo bajo de mi moral y mi ética. “ellos nunca saben de donde viene el monstruo que creen oir, creen que esta aqui cerca, creen que nosotros lo manejamos, que es nuestra mascota, se la imaginan como una especia de brutal bestia de fuego que viene a por ellos… Idiotas, ya esta dentro”

Empezó a gritar, a vociferar que la soltasen, que estaba viniendo, que tenia miedo mientras corria dentro del corro de árdez sonrientes por el espectaculo. De repente, se quedó de piedra, durante unos segundos en los qeu se empezó a perfilar en sus labios el temblor de lo real. Se desvisitio con premura y se desgarro la piel con las uñas tratando de sacarse lo que ella pensaba que llevaba dentro; pronto sus manos se tiñeron de la rosacea tonalidad de la sangre de los elfos, y sus vestiduras, volando en el viento, se perdieron en los agonicos suplicios de la muchacha.

- El fuego empieza naciendo en las entrañas de la victima, como debiles brasas, pequeños trozos de carbon ardiendo le perforan el cuerpo por dentro, lentamente, sin matarla, inmediatamenete ataca la garganta, ¿ves? – me dijo mientras me señalaba con el dedo a la elfa – ¿ahora comprendes porque siempre intentan descarnarse el cuello? es puro instinto, cuajado con un miedo feroz.

Luego la contemplé a ella de nuevo, levantandose del suelo a espasmos producidos por el dolor; contrayendose en formas deplorables que denotaban el terrible dolor qeu estaba padeciendo, al igual que lo hacían sus gestos, los ojos caoticos que miraban clamando al cielo una salvacion sin esperanzas.

- No gritan, nos ahorramos el tener que oir sus lloriqueos, no pueden hacerlo porque sus lenguas ya han sido devoradas, todo su aparato fonador ha sido calcinado y lo unico que les queda es sufrir hasta que llega su muerte; justo ahora. Mira.

Y miré, no podía hacer otra cosa, era demasiado terrible como para obviarlo, y simplemente la vi, tirada en el suelo, instantes antes de que se levantara para contemplarnos a todos, sin mirada, con la carne de los brazos, piernas y cuerpo rebentadas. Solo la cara permanecía inmaculada. Y desde sus ojos, me parecio ver dos lagrimas cayendo, derramandose por su rostro, dos lagrimas de fuego que cercenaron mi poca compostura.

Me puse a llorar, rodeado de todos aquellos enjendros que gritaban y vociferaban.

- Ha durado mas de diez minutos, ya te lo dije, te he ganado…

¿Apostaban por el tiempo en morir de una chiquilla? Me levanté, no podía concevir que el señor del fuego me mirase lloriqueando como un cobarde. Le miré, altanero. Estaba ahí simplemente por que le necesitaba

Relato de fuego

•Mayo 1, 2009 • 2 comentarios

Se perfilaron unos ojos azules intensos desde las profundas sombras de la noche. El fuego bailó en su mano como si fuera un juguete, devorando con una luz mortecina el trozo de papel que tenia en la otra. Las lenguas de fuego lamieron con prontitud la tinta y todos los secretos que enjaulaba, mientras un débil viento se levantaba desde el suelo y elevaba las cenizas al cielo. En su rostro se dibujó una sonrisa traviesa, mientras dejaba caer los restos del papel para que fueran consumidos en el aire. Sonriendo como un tonto ante aquellos que pensaban matarlo. Su perfil desapareció tal y como vino, envuelto en las sombras de alguien que no pensaba sobrevivir hasta esa noche.

2.53 am

Recuerdo perderme por unas calles intrincadas de celosías herrumbrosas y miradas candentes, de retorcerme de dolor a cada frenazo que daba para escoger mi nuevo camino, y de oír el griterio salvaje de miles de personas persiguiéndome. Eso era algo de lo que estaba completamente seguro que jamás se me olvidaría, el sonido de un centenar de pasos persiguiéndome.

2.54 am

 Las llamas lo devoran todo, hasta el tiempo. Sabia que solo me quedaban 6 minutos para que dieran las 3 de la madrugada, y seguía esperando ahí, tratando de alguna forma de aplacar las llamas traicioneras que lamían sin morder mi piel. Susurrándole aquellas palabras que había oído en antaño de los labios de aquel demonio que cambió mi vida, de aquel “Árdez” como se hacía llamar él mismo. Todos me miraban con perturbación, con rostros marcados por las sombras del fuego que no entendían para nada como era que aún estaba vivo, gritándome que era un brujo, un hechicero, “¡lucifer!” me llamaban. Yo apenas era un mortal “bendecido” por el don de hablar con el fuego. Un mortal que esperaba que volviera aquel “Árdez” para salvarme tal y como me había prometido.

2.55 am

No tenia ya tiempo, quedaban pocos minutos para que todo se acabara. Decidí que no podía perder el tiempo por lo que terminé explotando en rugidos y fuego para a continuación salir volando por un cielo bañando en la suave luz de la luna. Vi algo desde arriba, una luz rojiza. Ahí es, me dije. No tendría otra oportunidad, era en estos segundo o nunca, tenía que salvarlo para que el mismo pudiera quemar aquellos papeles. Me había servido bien y quería que sobreviviese, por lo menos hasta que acabase su misión, era demasiado problemático buscar a otro con sus dones. Llegué, el me vio.

 2.56 am

Por fin había llegado, y ¿ahora qué? Vendría volando y los espantaría a todos o que es lo que se supone que haría un demonio como aquel. Esperé, con cierta intranquilidad pues ahora las llamas ya estaban empezando a quemarme, con mucha mas lentitud de lo normal, pero aun así, me estaba doliendo demasiado. ¿Qué estaba haciendo? Arrugue un poco mas el papel dentro de mi bolsillo, sabía que era importante, aun no lo quería perder.

2.57 am

Está bien, lo normal hubiera sido haber hecho que la gente hubiera temido de el, a ver creado una ilusión de lluvia, de miedo o de yo qué sé, pero el problema era el tiempo, que no había. Así que me decidí por lo menos tradicional pero por lo mas practico, que era quemarlos a todos. Era divertido, no se daban cuenta hasta que sentían que el fuego estaba devorándoles la ropa como en ese mismo instante, además, eran pocos así que terminaría poco, el resto aun me estaba buscando así que avivé un poco más las llamas nacidas desde la tierra y con ellas los gritos de espanto, de la gente corriendo despavorida en todas direcciones y de algún listo que pensaba que podría quitarse el fuego de un demonio con un poco de tierra. Adema, creo que la impresión fue mas allá, nunca en sus vidas habían visto morder con tanta maldad un fuego de color negro.

 2.58 am

 ¿Negro? Algo me había mostrado, pero no me había percatado de su poder hasta que lo vi con mis propios ojos, un fuego que irradiaba negrura ofuscando los rostros dantescos de aquellos que antes me estaban insultando. ¡Sufrid! Me dije, pero entonces me di cuenta de que podía gritar, aunque no me ayudaría de mucho, ellos no me oirían o creo que ni me ollera yo mismo, pero aun así grité, y mis palabras se mezclaron con su llanto cada vez mas agónico, poco a poco todos los cuerpos terminaron de correr, de gritar, y apenas quedaron tumulto de huesos y carne quemada esparcida por el suelo. En el mismo instante en el que el fuego se lanzo hacia mi y devoro con mas rapidez el fuego que me oprimía, ninguna de esas llamas me tocaron ni rozaron si quiera, salí corriendo para encontrarme con el pueblo iluminado por decenas de teas ardientes.

 2.59 am

Bajé en mi forma mortal, si alguien sobrevivía a lo siguiente, no podía que saber que era un demonio el que los había matado, si no un simple mortal.

-Saca el papel y quémalo

3.00 am

 Todos me miraron cuando saqué aquel pergamino gastado y sucio, y uno entre todos ellos sabía lo que significaba. El único que empezó a gritar, a correr hacia mi, seguido poco después por todo el pueblo gritando también. Pero el fuego es demasiado rápido, mas rápido que la ira y la fuerza humana, mas rápido que la esperanza, en poco segundos, de mi mano apareció una pequeña llama, suficiente para hacer arder ese papel, suficiente para que a pocos pasos, cuando me tenían a punto de muerte con sus lanzas y sus teas, un tremendo rugido retumbara desde las entrañas de la ciudad. Un pequeño temblor, y el sonido titánico de algo moviéndose a gran velocidad, como un dios. Sintieron el frío, después el calor, vieron como todo el fuego que portaban desaparecía, y en el horizonte, contemplaron el cielo teñirse de rojo, las nubes de grana iridiscente y por último, en el ultimo instante en el que sentía como el demonio ponía sus manos sobre mi hombro y una red invisible nos protegía. Como siempre, empezaron a caer pequeños meteoritos, los rostros cambiaron de espanto a miedo, luego, a desesperación. Y después, todos corrían como locos, atravesados por una lluvia de meteoritos que empezaron a arrasar con la ciudad. En pocos minutos, las estelas de humo ascendían como almas negras hacia el cielo, justo en el momento en el que los labios del Árdez, rezumando azufre, se acercaron a mi oído y dijeron:

-Solo un humano puede matar a los suyos

Fuego

Los rugidos de un gigante mudo

•Abril 26, 2009 • 4 comentarios

Así había empezado todo, con aquel día en el que me quedé contemplando el espejo y no pude verme, ni sentir mas allá de mis manos. Todo empezó cuando no me salieron las palabras, cuando el papel blanco fue mi día y mi noche, y las gotas de tinta no hacían más que ensuciarme las manos como un recordatorio. Fueron aquellos los días de horas perdidas robadas a mi cuerpo por el café, del tabaco ardiendo en la oscuridad de una habitación que empezaba a convertirse en mi mundo. No recuerdo bien cuando empecé a perder la noción del tiempo, ni de los restos de comida en platos rotos por el suelo, solo sé que por esas fechas aún el papel seguía en blanco y el único ruido en la habitación de un ex-escritor, era el sonido ronco de unos pulmones desgarrados por la nicotina.

Me acuerdo de no haber vuelto a salir, de haber sentido como la piel se resbalaba desde mi carne a cada hora que pasaba. Recuerdo el escozor de los ojos y de las mil ganas de saltar desde la ventana cada vez que daban las doce de la medianoche, aquellas campanadas, me llegaban como una letanía quejumbrosa, aun siendo mi unico enlace con el mundo. Poco más tarde, quizas dos dias después de que las campanadas tubieran ese extraño poder en mi, traté de acabar con ello, cortar mi unico enlace con el mundo arrancandome los tímpanos con un abrecartas de marfil que aún conservaba de mi abuelo.  Gritos, imagino que grite, en ese momento no habia nada mas que dolor, un dolor punzante que me perforaba el alma como el peor amor, pero recuerdo algo más; cómo me miraba mi reflejo sobre la ventana, gritando, derramando sangre por mis oídos, teniendo esa constante percepcion de mi posible muerte en silencio. No fue asi, solo me quedé callado, sobre el frío suelo y me di cuenta entonces de que ya no oía las campanas de la iglesia, algo habia conseguido por fin, un pequeño triunfo… pero de plastico, porque ahora, a la misma hora, reverberaban las mismas campanadas, sin oirlas, eran aquellas vibraciones, o quizas el que mi cuerpo se habia acostumbrado a un tiempo nefasto. Aún en mi mente aquel sonido, destrozaba, doce veces.

Un día, borroso, creo que llovia afuera, en realidad no me acuerdo, pero si se que fue cuando la despensa de tabaco y alcohol habían mermado hasta acabarse, decidí traspasar el umbral de mi habitación hacia esa casa que ya no era mía, esos otros confines que los habia tomado por olvidados y me empezaron a invadir de nuevo aquellas sensaciones que creía olvidadas ya, esas sensaciones de culpabilidad por no haber tenido el móvil a mano, recuerdos sobre cómo me quedé de pie en aquel mismo marco de la puerta en el que estaba, y ahora, sin apenas moverme, recordaba como fueron esos segundos, esos gemidos de un cuerpo ya viejo que se había tambaleado hacia mi con vanas esperanzas, mirandome como su unica esperanza, una esperanza muerta de miedo, quieta, sin el valor necesario de alzarlo, solo de apartarse dando un paso para atrás. Aquel era el cuerpo de mi padre que ahora yacía sobre las baldosas de la cocina, congelado en el tiempo, quizás de un color más mortecino, pero eso si, rodeado de bichos negros que se movían en derredor suyo, quizás cucarachas. Eso era lo único que había cambiado, pero que no me importaba, me había quedado sin sentimientos desde entonces, quizas un suicidio de mi corazón. Seguí caminando, pasé de él y tomé un vaso lleno de polvo para beber agua.

No salió ni una gota. Como había temido habían cortado el suministro, al igual que la luz. Sin pensarlo casi cogí las llaves y me observe en el espejo sucio que había delante de la entrada, lo limpié un poco, y ahí, detrás del pelo sucio y la barba mal cuidada, estaba mi mirada, negra, como la recordaba, salvo que ahora el color de la pupila parecía tener la consistencia del líquido, su misma negrura, textura, alma, y al acercarme, así fue, tenía los ojos llenos de tinta.

Hello world!

•Abril 26, 2009 • 3 comentarios

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